Domingo, 19 noviembre 2017
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Prefacio por el Arzobispo Ramon C. Arguelles, Archbishop of Lipa (Philippines)
PREFACIO

Los favoritos de Dios no están exentos de controversias. En la película EL VIOLINISTA EN EL TEJADO el patriarca judío, protagonista del precioso musical, ante la persecución de los judíos rusos, se dirige a Dios de un modo muy gracioso: “Señor, sé que somos tu pueblo favorito. Pero ¿no puedes favorecer de vez en cuando a otro pueblo?” Santa Bernardette de Lourdes hubiera preferido que otra muchacha, en vez de ella, fuera la vidente. Bernardette estaba de acuerdo con la opinión de la Madre Superiora que nunca creyó a la analfabeta Bernardette. Si Dios y la Santísima Madre debían favorecer a alguien, debería ser a alguien como ella, que había vivido toda su vida en el claustro, en medio de la dedicación altruista y el sacrificio propio.

El Nuevo Testamento muestra a Jesús alabando al centurión pagano y no judío que pedía su ayuda en favor de su criado enfermo. Sus palabras: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo…” se convirtieron en una declaración intemporal digna de ser repetida en la Liturgia Eucarística. Ciertamente, entre las personas más favorecidas por Dios se halla María Magdalena, que se convirtió en el apóstol de los Apóstoles. ¿Podría ser que, incluso en nuestros tiempos, Dios utilice a una mujer no católica (aunque profundamente fiel al Papa y gran creyente en todo aquello que los católicos deben creer, especialmente respecto a la Eucaristía, e incluso más profundamente vinculada a la Santísima Virgen Madre que muchos católicos) y una mujer cuyo pasado matrimonial está en entredicho, aunque, por supuesto, no como el de la mujer samaritana, otra favorita de Jesús que Él tenía tanto interés en ver a mediodía, junto al pozo de Jacob?

El Cardenal Joseph Ratzinger ha demostrado una gran apertura de mente, a semejanza de Cristo, al encabezar la revisión del caso de la señora Vassula Rydén. A través del P. Prospero Grech, Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el buen Cardenal pidió a Vassula que contestara a cinco preguntas (ver carta fechada el 4 de abril de 2002) para esclarecer ciertas dificultades, indicadas en la Notificación de 1995, referentes a los escritos de La Verdadera Vida en Dios y acerca de sus actividades relacionadas con dichos escritos. Las respuestas ayudarán inmensamente a algunos Tomases dubitativos que tienen derecho, no obstante, a su tranquilidad de espíritu.

Ayudará a muchos saber que la Congregación envió una carta, con fecha del 7 de abril de 2003, a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, en la que el Cardenal Ratzinger les pide que le proporcionen información sobre la señora Rydén y la influencia que ésta haya podido tener sobre los fieles en sus respectivos países. De todas las respuestas recibidas, cinco países, incluyendo desafortunadamente a mi propio país, Filipinas, contestaron negativamente. El Cardenal Ratzinger juzgó conveniente informar a los obispos de dichos países que la Congregación había revisado el caso de la señora Rydén y que las indicaciones expresadas en la Notificación, referentes a los escritos de La Verdadera Vida en Dios y a la situación matrimonial de ella, estaban ya aclaradas. Esta última comunicación, fechada el 10 de julio de 2004, mencionaba al pie de la carta los países a que nos hemos referido.

El Cardenal Ratzinger pidió al P. Joseph Augustine Di Noia, O.P., Subsecretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que proporcionara una copia de esa misma carta a la señora Rydén para permitirle informar a todos acerca del intercambio de cartas aclaratorias. Me complace en extremo que el Cardenal Ratzinger refleje tan perfectamente la actitud del Santo Padre, cuya gran obsesión, y probablemente la razón de la vitalidad y la energía que manifiesta, es la UNIDAD DE LA CRISTIANDAD. Un suceso muy conmovedor tuvo lugar al regreso del Santo Padre de una visita a Armenia. Trajo consigo al Aula del Sínodo un obsequio del Patriarca Ortodoxo de Armenia, una preciosa lámpara con una súplica por la unidad de todos los cristianos.

Sea cual sea la vida pasada de la señora Rydén, ella puede ser, y lo es ya, un instrumento de Dios en nuestro tiempo para hacer realidad el sueño de Dios, el sueño del Santo Padre, el sueño de la Iglesia, que puede ser el mayor acontecimiento de los primeros años del tercer milenio: ¡LA UNIDA DE TODOS LOS DISCÍPULOS DE CRISTO! Las personas como Vassula que sufren por la unidad cristiana con el Santo Padre, necesitan aliento, comprensión y oración. Yo estoy dispuesto a dárselo aunque no sea más que para unirme al Santo Padre, al Cardenal Ratzinger y a muchas almas desconocidas que desean sinceramente una renovación de la Cristiandad, un impulso renovado de Evangelización, la unidad de todos los hermanos cristianos. Que María nos ayude a crecer en LA VERDADERA VIDA EN DIOS.

Arzobispo Ramón C. Argüelles
30 de septiembre de 2004
Año 107 de la Entrada a la Vida de la
Patrona de la Misión Universal
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